JULIÁN GASPAR SAPÓN MONROY

Las razones por las cuales las y los jóvenes que participan en nuestro movimiento deciden dejar la vida de calle, son múltiples y variadas, y a veces un acontecimiento inesperado les empuja a dar un giro a sus vidas.

Julián Gaspar, como le llamamos durante los años que frecuentó el Mojoca, es un joven de 29 años, tímido, muy callado, “humilde” dirían algunas personas utilizando una interpretación común pero incorrecta de este adjetivo. Su retraimiento y forma suave de hablar con frecuencia le ganó el aprecio de sus compañeros y los asesores de nuestra asociación.

En el boletín La Mano Amiga, No. 7 de agosto de 2010, publicamos una reseña de la vida de Julián. Originario del pueblo de Coxom, en el departamento de Totonicapán, sus padres fallecieron cuando tenía tan solo cuatro años. Creció en el hogar de sus tías, y a los diez años sus tíos políticos lo indujeron al consumo de licor; cuando el consumo se volvió un hábito, fue echado de la casa y terminó viajando a la capital, donde se unió al grupo de calle de La Terminal.

Con el apoyo de Casa Alianza logró aprender el oficio de carpintero, consiguió un trabajo y alquiló un cuarto en Antigua Guatemala. Pero fue víctima de un robo, a raíz del cual perdió todo y se regresó a la capital y a La Terminal. Fue en esta época que conoció el Mojoca.

En enero de 2010 ingresó a la Escuela de la Amistad, culminando sus estudios de primaria en 2012. Debido a que no pudimos conseguir su fe de edad en las oficinas del Registro Nacional de las Personas en la capital, su certificado y diploma permanecieron sin las firmas del Ministerio de Educación.

En 2015 Julián regresó a la escuela. Todos estos años había ingresado varias veces a la Casa de los Amigos, pero sus estancias habían sido cortas. El consumo intenso de drogas hacía inestable su estadía en esta casa, y a la postre afectó su motricidad, al punto que sus manos temblaban continuamente. Su ingreso a la escuela fue para realizar los ejercicios básicos de aprestamiento y motricidad que le ayudaran a recuperar la normalidad en sus manos. Aun así, su permanencia continuó siendo intermitente.

En marzo de 2016 ingresó de nuevo a la escuela, con una mejoría en la motricidad de sus manos, pero sin haberse recuperado totalmente. El 11 de abril sucedió una tragedia; fueron asesinados por sicarios los compañeros Miguel Rojas y Maricela Franco. Unos momentos antes, los autores del crimen habían encontrado a Julián y lo amenazaron con asesinarlo si no se iba del lugar.

Se le permitió ingresar a la Casa de los Amigos para protegerlo de la amenaza que pendía sobre él, pero en mayo dejó la casa y sus estudios. En septiembre regresó a la escuela; para entonces, el temor causado por la presencia continua de los asesinos de Miguel y Maricela en el sector de La Terminal, lo llevó a tomar la decisión de regresar con su familia. Le apoyamos en contactar a uno de sus tíos, y el 22 de septiembre se fue a su pueblo. Desafortunadamente, su familia no lo aceptó y se regresó el día 23. A su regreso trajo consigo una fe de edad que se conservaba en casa de sus tías, y con ella tramitamos una nueva y logramos las firmas de sus certificados de estudio en el Ministerio de Educación.

Julián no desistió de su empeño en regresar con su familia. Hicimos de nuevo contacto y esta vez la familia le ofreció la posibilidad de ir a casa de una de sus hermanas. El viernes 21 de octubre nuestro compañero viajó de nuevo, y esta vez para quedarse. Días después llamó a uno de nuestros asesores, comunicándole que estaba bien y había conseguido un trabajo; mandó sus agradecimientos y saludos a todos los que le apoyaron.

Nos sentimos en extremo satisfechos de que el esfuerzo que realizamos en el Mojoca por apoyar a nuestros jóvenes rinda sus frutos en una vida fuera de la calle; no son muchos los que toman esta decisión, pero aunque sea uno que lo haga, hace que nuestro trabajo valga la pena y renueva nuestro entusiasmo. Nuestras felicitaciones a Julián por el esfuerzo realizado y  le deseamos una vida fructífera y productiva.

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